MANUEL MARCO
Aquí tocaría poner algo muy formal que te deje entrever quién soy y cuál ha sido mi camino para llegar hasta donde estoy hoy.
Pero no quiero que sepas quién soy, porque no tengo nada que me haga más especial que tú, simplemente decidí tomar el camino que yo quería, el que me hacía feliz y le daba un sentido a mi vida.
Eso es algo que puedes hacer tú, pero para eso primero necesitas saber quién eres, porque sin información no puedes decidir, al menos no con coherencia.
Como he dicho, no voy a entrar en detalles de mi vida, eso tal vez puedas descubrirlos si el universo nos da esa oportunidad, pero sí quiero que veas que el viaje de la vida no se basa en lo vivido sino en lo interpretado.
La persona que soy hoy no tiene nada que ver con la de los últimos 15 años, ni 10, ni 5, de hecho, hace no mucho, en un fin de semana, cambié en dos días más que los últimos años teniendo la oportunidad de conectarme más profundamente con mi versión Auténtica.
Y de eso va la vida, de progresar, de ampliar, de transformar, de mejorar… porque sin esa chispa no importa que tengas dinero, salud o relaciones maravillosas, ya que, al final, sin un propósito que te ofrezca retos que te enfrenten a esa realidad que crees incuestionable, la vida pierde su gracia.
Para mí, un propósito no es un trabajo que te genere millones, una pareja ideal o tener el cuerpo deseado, eso puede serlo, pero debes pensar en grande. Un propósito debes ser aquello que te haga feliz porque tienes la firme convicción de que gracias a él vas a cumplir tu misión en esta vida, sentirte completo y que al morir puedas mirar atrás con una sonrisa. Ese es el secreto de la vida.
Mi propósito es que este mundo despierte espiritualmente, que sea consciente de su para qué y sea libre de brillar sin miedo al qué dirán. Y para darme cuenta de eso he tenido que vivir maltrato escolar, repetir un curso perdiéndolo todo, estudiar una carrera universitaria, un máster y trabajar como abogado para que al final, todo eso que experimente, me llevará a descubrir mi propósito, a estar escribiendo estas palabras con la felicidad de que ahora sé que hago lo que hago con libertad y sin el miedo de poder de estar equivocado, porque, aunque así fuera, sé quién soy, y eso me hace inevitable.